BELGRANO Y EL AJUSTE INJUSTO

Otro fin de semana de caras largas, idas y venidas, interminables tensiones institucionales. Ya vamos para 3 meses sin fútbol. Son noticia los dirigentes, pero no por hacer las cosas bien, sino por no hallar la solución a semejante parate. No son noticia las atajadas, los golazos, las gambetas, las sacadas sobre la línea, porque no hay. Hacía rato que habíamos perdido los duelos de hinchadas, y hasta llegamos a disputar muchos encuentros a puertas cerradas, sin público.

Son muchos y graves los problemas del fútbol. Muchos dirigentes se enriquecieron mientras sus clubes se empobrecían y endeudaban. Pero ahora ni siquiera rueda la pelota; el fútbol argentino virtualmente agoniza.

Los futboleros no negamos la complejidad de los problemas. Menos que nadie los hinchas de Belgrano: nuestro amado club pagó el precio más alto por la transgresión institucional masiva del fútbol argentino. Pocos soportaron ese calvario, pese a que la mayoría de los clubes metió la pata.

Hay que limpiar al fútbol y el Estado debe salirse de la actividad, estamos de acuerdo. Pero es hora de preguntarnos, si la metodología tipo "ajuste" que se está aplicando para esta reforma o reordenamiento del fútbol argentino, realmente terminará enderezándolo, o logrará el efecto (quizá no deseado, quizá), de debilitar aún más a los clubes, empujándolos al modelo de sociedades anónimas, abiertas o disfrazadas.

Las posiciones intransigentes a menudo conducen al conflicto. Aún las causas justas requieren una estrategia sensata para poder abordarlas. El ajuste pocas veces es el mejor camino. ¿Cómo puede, el mismo Estado que pocos años atrás prepoteó y echó a sponsors privados del fútbol para asumir su financiamiento con la intención de utilizarlo como propaganda política; el mismo Estado que por más de 30 años avaló la infección de sectores de las hinchadas con prácticas políticas violentas; el mismo Estado que sólo observó cómo un submundo trucho-narco-cuasi mafioso colonizaba muchos clubes del país, pretender una reforma de shock y que la cosa fluya como si nada?

¿Se pretende resolver 30+ años de hacer por lo menos "la vista gorda" mientras el fútbol se desmadraba, ajustando ahora a la actividad, hasta la asfixia? Y si esta es la estrategia, ok, entonces a los clubes con deuda, o sea con planteles parcial o totalmente conformados con dinero ajeno ¿por qué sólo se los sanciona impidiéndoles contratar más jugadores? Belgrano, con este esquema, se perjudica por partida doble, viéndose arrastrado a un conflicto del que no es responsable, con posibles sanciones inmerecidas. Y por otro lado, deberá enfrentar en la cancha a rivales que no se reforzaron ahora, pero que conservan 4, 5, 7 jugadores comprados con dinero que no tenían, y no fueron forzados a desprenderse ni soportan sanciones deportivas por competir deslealmente. ¿Es o no es ajuste, al fin de cuentas?

Esta paciencia con clubes deudores, sorprendente en medio de semejante ajuste, no parece encajar en el resto de la estrategia de forzar casi violentamente al fútbol a la reforma, de la forma en que se lo viene haciendo.

Entendemos que la causa justa de limpiar el fútbol de truchos, amerita una transición menos traumática. Lejos, olvidado, queda el gran Julio César, con su política de gobernabilidad "panem et circenses" que tantos replicaron. Hoy, la economía brinda poco "panem" y, sin fútbol, no tenemos nada de " circenses".

Para los hinchas de Belgrano, esta política de ajuste "shock" aparece como una burla. Los Piratas nos convertimos en perros verdes, no celestes: somos la única gran institución del fútbol argentino, perteneciente cómoda al top ten, que se mantuvo festejando balances, mientras otros lograban copas. Dejamos pasar dos oportunidades de ir por el campeonato. Nos faltaba poquito, pero "no se podía". Los otros, los campeones, eran más "poderosos" que nosotros. ¿Lo eran? ¿Lo son? Quilmes, Argentinos, los rosarinos, Arsenal, Lanús, Banfield ¿lo son? Ellos podían ¿pero Belgrano no?.

Lo real es que nosotros nos quedamos con los balances, ellos con las copas. Da para parafrasear aquello del Martín Fierro "las penas son propias, las vaquitas son ajenas". Los balances son nuestros, las copas de los otros (varios de los cuales también "tienen balances"). Y ahora, que parece que llega el tiempo de los balances ¿cuál es nuestra ventaja? ¿Incorporar algún refuerzo para competir con los que tienen planteles mal habidos y los mantienen? ¿Tener jugadores sin poder pagarlos, no tiene el mismo efecto que la mala inclusión de un suspendido, o un doping, donde se les quitan puntos a los clubes transgresores? ¿Qué clase de ajuste es este?

En realidad, no incorporar refuerzos es una tímida sanción para los que hicieron las cosas mal, dispuesta por la comisión normalizadora que encabeza nuestro presidente. Belgrano, que resignó ambiciones deportivas celebrando balances, ya tiene demasiado con estar perdiendo la pasión, para además seguir siendo perjudicado de casi todas las formas posibles.