BELGRANO, DE CABEZA A OTRA COSA

El Pirata fue un equipo timorato y sin fuerzas que se despidió de la categoría sin mostrar carácter.
La última tarde de Belgrano en Primera no tuvo la rabia que les hubiera gustado ver a los dos mil hinchas que, pese a todo, llegaron hasta Lanús. Y a los muchos miles que se prendieron a la televisión esperando un gesto final de grandeza. Una muestra de orgullo celeste que maquille en algo la decepción aún fresca del descenso.
Había un gol para defender. Una mínima ventaja que resguardar para avanzar una fase más en la Copa de la Superliga. Y la “B” no lo supo hacer: al final perdió 2-0 y quedó eliminado. Con pena y sin gloria.

El equipo de Julio Constantin dio la talla apenas en los primeros 20 minutos del partido. Los jugó con soltura y desinhibición, cambiando pelota por pelota. Pero después del gol de cabeza de Facundo Quignón tras un córner bien tirado desde la derecha por el cordobés Nicolás Pasquini y mal defendido por el fondo cordobés, Belgrano se fue a pique. En lo anímico y en lo futbolístico.

De allí hasta el final, transmitió una imagen tenue. Como si en desventaja, no hubiera razones para dar la última pelea. Para colmo de males, a los 4 minutos del segundo tiempo, “el Pepe” Sand recibió un centro de Marcelino Moreno desde la izquierda, maniobró con excesiva comodidad en el área del equipo cordobés y batió a César Rigamonti con un zurdazo seco y certero que dio en la pierna de Techera cuando iba rumbo al arco. Y con el 2-0 instalado, Constantin apretó todas las teclas que tenía disponibles.

Cambió las posiciones en las que habían arrancado Mauricio Cuero y Cristian Techera (el colombiano pasó a la izquierda y el uruguayo a la derecha) y luego, hizo ingresar a Martín Garnerone, el goleador de la reserva, en lugar de Gonzalo Lencina. Mas tarde, entró Gabriel Alanis por el inexpresivo Leonardo Sequeira para jugar bien abierto por la izquierda y Techera pasó a moverse por el medio y detrás de Garnerone.
Por último, “Maxi” Lugo reemplazó a Martín Rivero buscando algo más del fútbol en la media cancha. Pero nada dio resultado en el último acto. Belgrano pareció prematuramente entregado a su suerte. Sin ideas, sin fútbol, sin intensidad. Y en todo ese rato, sólo llegó una vez: un centro de Alanis desde la izquierda que Techera bajó de cabeza en el área y que Cuero se llevó por delante.

Tal vez resulte excesivo pedirle al equipo que ahora dé lo que no fue capaz de dar antes, cuando peleaba por quedarse en Primera.

Pero se suponía que, liberado el Pirata de las ataduras emocionales y las presiones y con una victoria a su favor en el partido de ida, podía hacer bastante más que entregarse de antemano en el juego con el Granate. Pero no lo hizo. Se fue sin hacer ruido, sin dar en la cancha el último grito de rebeldía. Sin escuchar los gritos de su gente, que fue a Lanús a buscar el último esfuerzo. Y nunca se lo ofrecieron.