TREPADOS AL SUEÑO DE LA COPA ARGENTINA

A veces el desahogo llega de la mano de un resultado, más allá de la forma en que se consigue y, obvio, por encima del funcionamiento general del equipo. Y así lo vivió anoche la gente de Belgrano, que festejó a rabiar el 2-0 ante Juventud Unida de Gualeguaychú, que significó ser el primer equipo clasificado a las semifinales de la Copa Argentina. Además, se convirtió en el primer equipo cordobés en llegar a esa instancia de este campeonato.

Ver a esos casi tres mil hinchas revoleando los trapos y haciéndole el aguante al equipo fue una muestra de amor en una primavera fría en Buenos Aires, pero que no por ello tuvo menos potencia que en otras jornadas. Ahora esperará por Boca Juniors o Rosario Central, para buscar darle forma a un sueño que fue gestado por los de corto y bancado por los de gargantas rojas.

Pero le fue tan complicada la llave al Pirata, que en su primera jugada franca hilvanada en ataque, cuando se disputaba la mitad del segundo tiempo, Mariano Barbieri fue derribado en el área y Claudio Bieler cambió por gol el penal que le cometió al “petiso” el arquero Lucas de León. El tanto encendió los corazones de los hinchas y puso las cosas en su lugar.

El tema es que en la primera etapa todo fue tan aburrido que entre los dos equipos sólo pudieron generar una que otra chance aislada, sin mucho peligro y más por fallas ajenas que por aciertos propios. La pelota siempre fue mal entregada por los jugadores del celeste y revoleada por los albicelestes.

En ese panorama, con futbolistas incapaces de acertar a sus compañeros, en especial los de Córdoba, el trámite se hizo confuso, desprolijo y facilitó el trabajo de los defensores entrerrianos.

Pero los optimistas del triunfo, que son esos que desafían las rutas, que dejan la piel en el asiento de “un bondi” y que estuvieron en la cabecera, siempre trataron de darles su empuje a los de corto, volvieron a decir presente y le pusieron el pecho a un partido “fierito”.

A pesar de todo era tan poco lo devuelto desde el campo de juego, que preocupó más de lo que entusiasmó. Los errores fueron alarmantes y la falta de ideas para resolver por parte de los celestes dibujó caras largas entre sus simpatizantes.

El frío ambiente pegó duro en toda la jornada y la lluvia se encargó de que fuese un poquito más cruel con los presentes en el estadio “grana”. Porque en la cancha no pasó nada de nada, o mejor dicho, poco de todo cuando se habla de juego.

Cuando la segunda parte se puso en marcha y Federico Álvarez le erró a su compañero en un pase a dos metros o cuando Jorge Velázquez no acertó el suyo a igual distancia, el futuro no parecía favorable para el Pirata.

El panorama no era el mejor, pero si en la cancha las cosas no salieron, en la cabecera no se le aflojó ni un poquito y la esperanza se llamó aliento y el canto se hizo el viento que todo empuja y se multiplicó en cada garganta que estaba en Lanús y en aquellas que desde todos los rincones del país hicieron fuerza.

El penal de Bieler abrió el camino y la cabeza de Mario Bolatti, por el gol y porque es el pensante en el medio campo, selló el triunfo, el pase a las “semis” y le aplicó un poco de calmante al maltrecho corazón celeste.

La lógica dijo siempre que era Belgrano el que tenía que hacer el gasto y fue el que lo hizo, puede que equivocó el camino y que su juego no fue de lo mejor, pero lo logró y es una manera de hacer sanar una herida profunda que dejó la otra Copa, la Sudamericana, a la que los hinchas le habían puesto todas las fichas. Una semana pasó entre aquella eliminación y esta clasificación.

Ahora será tiempo de esperar que Boca Juniors y Rosario Central definan cuál será el rival que se viene... quién se cruza en el sueño al que está trepado el pueblo cordobés de Alberdi.